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Encuentro del Papa Francisco con los Obispos de México

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“LLEVEN MI SALUDO AL PUEBLO MEXICANO”

“Reciban mi más cordial bienvenida con motivo de la visita ad Limina Apostolorum”, dijo el Papa Francisco a los cerca de ochenta Obispos de México, reunidos en la Sala Clementina del Vaticano este mediodía.

El encuentro, que se desarrolló en un ambiente de alegría y fraternidad, comenzó con las palabras que dirigió a nombre de los Obispos mexicanos el Cardenal José Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara y Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), quien, destacando que cada Obispo trae consigo la representación de la comunidad eclesial que le ha sido confiada; los fieles laicos, la vida consagrada, los seminaristas, los diáconos y los presbíteros, dijo: “hemos venido en peregrinación a Roma, para visitar las tumbas de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo; y para saludar a Su Santidad, como Sucesor de Pedro, nuestro venerado Padre, estrechar los lazos de comunión con su persona y reiterar nuestra fidelidad a su Ministerio Petrino, al mismo tiempo que acogemos su palabra de aliento, de alegre esperanza y de confirmación en la fe. Todo para mayor gloria de Dios, bien de la Iglesia y servicio de todas las personas”.

Afirmando que el pueblo de México, juntamente con sus  autoridades civiles, busca darse las estructuras adecuadas para un desarrollo justo y sustentable para todos, reconoció la “extendida y endémica pobreza en un gran sector de la población, con todo lo que esto conlleva: ignorancia, enfermedades, abandono del campo y emigración a la ciudad y al vecino país del norte”.

Describió el sufrimiento de muchos migrantes, que frecuentemente son víctimas de atracos, extorción, violaciones y muerte. También se refirió a la presencia y actividad del narcotráfico, “que ha causado profunda división, muchas muertes, daños a la salud física de la juventud y a la salud moral de las familias; y que ha sido causa, además, de la ruptura del tejido social”.

“No obstante que somos un pueblo que ama, celebra y canta a la vida, -dijo- tenemos que lamentar como se ha ido enseñoreando la cultura de la muerte, manifestada en una falta de respeto a la sacralidad de la misma vida; no sólo en las muertes violentas y crueles del crimen organizado, sino también en la mentalidad abortista de algunos sectores, muchas veces impulsada por políticas de agenda que atentan contra nuestra conciencia, la soberanía de nuestra nación y directamente contra el santuario de la vida, la familia”.

Reconociendo que el pueblo mexicano ama la convivencia, y práctica la solidaridad y la hospitalidad, se lamentó de “las hondas divisiones en algunos sectores de la sociedad, provocadas muchas veces por intereses de partidos políticos y grupos de poder que no buscan el bien común sino su propio beneficio”.

Manifestó que a la base de estas obscuras realidades, está la arraigada cultura de la corrupción, la impunidad y la ambición desmedida. La ausencia de la cultura de la legalidad, del compromiso social, de la corresponsabilidad ciudadana, la pérdida de la conciencia de la moralidad de los actos y las omisiones, “en fin, la realidad del pecado”.

Así mismo, se refirió al abandono e indiferencia de numerosos bautizados católicos; la acentuada ignorancia religiosa, la ausencia del compromiso de muchos laicos en las realidades temporales, y el desconocimiento y falta de aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia.

“Como Conferencia Episcopal -dijo- nos hemos esforzado por acompañar el caminar de nuestro pueblo, poniendo especial atención a las familias, a los jóvenes, a los indígenas y a la pastoral vocacional, con pronunciamientos y orientaciones, valiéndonos también del Magisterio Pontificio y Latinoamericano, sobre todo del presente siglo”.

Luego, precisó que en la carta Pastoral “Del encuentro con Cristo a la solidaridad con todos” del año 2000, “se marcan las líneas pastorales por donde hemos caminado en estos casi catorce años, teniendo como objetivo que el encuentro con Jesucristo vivo, se convierta en un camino permanente de conversión, para reafirmar la comunión eclesial y para propiciar la solidaridad y la misión, de manera que podamos responder a los desafíos actuales que enfrenta la nación y la Iglesia en México”.

Recordó que en el documento “Conmemorar nuestra Historia desde la Fe”, publicado en ocasión de la celebración del bicentenario de la Independencia y del centenario de la Revolución mexicana, los Obispos de México,  ”partiendo de la centralidad de la persona y su dignidad, expresamos que se requieren esfuerzos para superar la injusticia, la desigualad y la pobreza e impulsar las luchas de la sociedad a favor de la libertad, la justicia y la auténtica democracia, y la vigencia completa del derecho humano a la libertad religiosa”.

También señaló que, “padeciendo en carne propia, juntamente con nuestro pueblo, el grave problema de la inseguridad, la delincuencia organizada y la violencia, en 2010 publicamos la Carta Pastoral “Que en Cristo Nuestra Paz México tenga vida digna”, en la que como pastores analizamos las causas y los mecanismos de estos lamentables males,  y apuntamos posibles caminos de solución”.

Hizo notar que, ante la emergencia educativa que evidencia el cambio de época, los Obispos mexicanos emitieron el documento “Educar para una nueva sociedad”, en el que, reconociendo que la presencia de la Iglesia en la educación, a pesar del contexto jurídico, político e ideológico que en algunos momentos ha sido adverso, es tradición viva y una constante histórica, señalaron la necesidad de impulsar la tarea educativa que caracterizó la primera evangelización, “para promover la concordia, la cultura del encuentro, del diálogo y de la paz”.

Tras reconocer que en ocasiones ha hecho falta que estas orientaciones de la Conferencia Episcopal sean asumidas con mayor compromiso en las diócesis y provincias, el Presidente de la CEM destacó que además de las mencionadas líneas pastorales, los Obispos han asumido con determinación la Misión Continental, propuesta en Aparecida y en la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium”.

El Cardenal Robles concluyó encomendando al Papa a la Morenita del Teyac, y pidiendo la bendición para los Obispos y para el pueblo mexicano.

Por su parte el Papa Francisco, agradeciendo las palabras del Presidente de la CEM, comentó que la celebración del Bicentenario de la Independencia de México y el Centenario de la Revolución Mexicana, “han constituido una ocasión propicia para unir esfuerzos en favor de la paz social y de una convivencia justa, libre y democrática”.

Destacó que la historia de México no puede entenderse sin los valores cristianos que sustentan el espíritu de su pueblo, y recordó como Santa María de Guadalupe ha contribuido a la reconciliación y a la liberación integral del pueblo mexicano, “con el amor y la fe”.

“En la actualidad -señaló- las múltiples violencias que afligen a la sociedad mexicana, particularmente a los jóvenes, constituyen un renovado llamamiento a promover este espíritu de concordia a través de la cultura del encuentro, del diálogo y de la paz”. En este sentido, afirmó que a los pastores “no les compete aportar soluciones técnicas o adoptar medidas políticas”, sino anunciar a todos la Buena Noticia de que “Dios, en su misericordia, se ha hecho hombre para salvarnos”. “La fidelidad a Jesucristo -comentó- no puede vivirse sino como solidaridad comprometida y cercana con el pueblo y sus necesidades, ofreciendo desde dentro los valores del Evangelio”.

En este sentido, comentó que conoce la preocupación y desvelos de los Obispos mexicanos por los más necesitados, por las víctimas del narcotráfico y por los grupos sociales más vulnerables, así como su compromiso por la defensa de los derechos humanos y el desarrollo integral de la persona, y los animó a destacar “el aporte de la fe a la ciudad de los hombres para contribuir a su vida común”.

Afirmó que en este contexto, la tarea de los fieles laicos es insustituible, por lo que pidió promover su responsabilidad y su adecuada capacitación para que vivan la fe en la familia, la escuela, la empresa, el movimiento popular, el sindicato, el partido y aún en el gobierno. “De esta forma, los jóvenes verán con sus propios ojos testigos vivos de la fe”.

Para esto, el Papa recomendó aprovechar el potencial de la piedad popular, “imprescindible punto de partida”, así como intensificar la pastoral de la familia, de modo que, “frente a la cultura  deshumanizadora de la muerte, se convierta en promotora de la cultura del respeto a la vida en todas sus fases, desde su concepción hasta su ocaso natural”.

Destacó la importancia de la parroquia y pidió a los Obispos promover la formación y capacitación permanente de los sacerdotes, así como el encuentro personal con ellos, “sus primeros y más preciosos colaboradores para llevar a Dios a los hombres y los hombres a Dios”.

Así mismo, exhortó a sostener y acompañar a los consagrados y consagradas, y a cuidar la promoción, selección y formación de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.

Finalmente, manifestando su alegría al ver que los Obispos han asumido en sus planes pastorales las indicaciones de Aparecida, que destaca la Misión continental permanente, dijo: “les ruego que lleven mi saludo al pueblo mexicano. Pidan a sus fieles que recen por mí, pues lo necesito. Y también les pido que le lleven un saludo mío, saludo de hijo, a la madre de Guadalupe”.

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